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Noel Barrionuevo: “Mi psiquiatra me salvó la vida”

El drama oculto de la Leona que lo ganó todo

No se cuenta porque se niega, duele. No se cuenta porque estigmatiza, porque no se comprende. No se cuenta porque estremece. Pero un día sí se cuenta, sale a la luz. Estalla en el cielo celeste, despejado. Porque sana. Y es así como ayuda a otros. A comprender, a empatizar, a pensar. Noel Barrionuevo, emblemática jugadora de Las Leonas y ex capitana del seleccionado argentino hasta el año pasado, tuvo su secreto. Un secreto que la obligó a una lucha interna, atroz, desesperada y agobiante al mismo tiempo que construía una carrera formidable como deportista de alto rendimiento. Hubo un tiempo, largo. Muy largo, en el que el espejo fue su peor enemigo y le dibujó las sombras del miedo al que inevitablemente tuvo que mirar a la cara como única manera de contrarrestarlo. “Mi psiquiatra me salvó la vida”, confiesa la exdefensora, que en una charla a corazón abierto con LA NACION, y a un año de haberse retirado, habló por primera vez sobre el calvario con el que convivió durante más de 20: padeció trastornos de la alimentación, alternando episodios de bulimia y anorexia, en una lucha día a día. Mientras jugaba finales y hacía goles espectaculares, mientras siempre había una fiesta deportiva a su alrededor, ella daba otra pelea. Que ahora cuenta. Porque así lo siente, porque así lo cree y porque está convencida: su relato puede ayudar a evitar situaciones semejantes. Hace años, Noel entendió que no hay nada más importante que la salud, aunque fuera una deportista estelar. Y sueña con que otros también lo entiendan.

-Para especificar el diagnóstico, ¿cuál fue?

-Eran períodos de anorexia con bulimia, era un mix. Se pueden dar las dos cosas a la vez. Por momentos te restringís las comidas, en otros no, te das atracones… A los 15 años ya me veía mal con el cuerpo, no me gustaba; me comparaba con mis compañeras del colegio que eran más chiquitas y yo quería ser como ellas. O veía por televisión esos cuerpos de una delgadez extrema. Yo quería eso, llegar a eso, claramente estaba reloca. Hoy me río y lo cuento, pero es sumamente estresante la vida de una persona que padece bulimia o anorexia.

-¿Es una lucha día a día?

 -Sí, es como la de un adicto. Nunca subestimes a una persona que tiene trastornos de la alimentación. Se escucha mucho decir que ‘no, es un capricho, después se le pasa’. No, realmente necesitás ayuda nutricional, psiquiátrica y psicológica para poder salir adelante, para poder curarte. Es muy difícil estar sumergida en esa enfermedad sin ayuda.

-¿Cuándo hablás del lugar que te ayudó te referís a una clínica?

-Claro, sí. Yo fui a CITPAD (Centro de Investigación y Tratamiento en Patología Alimentaria y Trastornos Depresivos) donde me atendieron profesionales extraordinarios. Hacía terapia de grupo, en la que había muchas chicas y algunos varones y se hablaba y se trabajaba lo que a una le iba pasando. Esa terapia de grupo me salvó, porque al principio no quería saber nada. Estaba sentada así (hace el gesto) cruzada de brazos.

-¿Quizás pensabas que se te iba a pasar o te curarías sola, a largo plazo?

-No sé si curar, porque en ese momento no decía ‘tengo trastornos de alimentación, necesito ayuda’. No. Para mí no tenía nada, no reconocía el problema hasta que fuimos a la entrevista con el doctor Héctor Bertera, el fundador de la clínica, y fue ahí donde me dije: ‘Sí, Noel, algo te pasa claramente, tenés todos estos síntomas, algo hay que hacer’. Así que hicimos la admisión ahí; hacía hospital de día, desde la mañana hasta la tarde todos los días. Consistía en reeducarse en la alimentación.

 -¿Informabas sobre esta cuestión en el club Ciudad de Buenos Aires o en el seleccionado?

-No, nada. Nada.

-¿Pudiste sostener por abajo todo el tema durante todos estos años?

-No sé si se enteraron. Nunca me vinieron a hablar de esto, no sé si detectaron la problemática porque estaba bastante contenida, tenía una nutricionista que me seguía constantemente junto con mi psicólogo y mi psiquiatra. Sin esa contención tan grande de afuera hubiese sido muy difícil estar en el seleccionado, la verdad. En 2012 ya estaba mucho mejor, pero igualmente llamaba a mi psiquiatra cuando no me sentía bien. Este médico del que hablo es el hombre que me salvó la vida más allá de mis padres, que detectaron todo. Falleció hace unos años y, a lo largo de mi carrera, él fue el principal pilar de todo.

-No fuiste una jugadora del montón; tu exposición fue muy grande y sobre todo en los momentos más gloriosos del seleccionado, ¿Cómo convivías con eso? ¿No te demandaba demasiada energía?

-Ufff, sí. (Suspira). Por eso digo que Héctor, mi psiquiatra, me salvó la vida. Cuando falleció, para mí fue tremendo, pero también tenía el apoyo del grupo. Hoy sigo en contacto con aquellas compañeras después de haber vivido todo lo que vivimos, porque cada una tiene su historia y seguimos ayudándonos, contándonos cosas, ya desde otro lugar. Eso es increíble.

-¿Hoy te sentís totalmente recuperada?

-Sí, ya hace unos años, y por eso tengo esta fuerza de poder contarlo. Si no estás bien recuperada no lo podés hablar. No al menos desde el corazón.

-En los postpartidos de los torneos, a veces ocurre que una jugadora no se detiene a firmar un autógrafo, está seria o no tiene ganas de hablar con la prensa. El deportista de alto rendimiento asume un montón de responsabilidades, pero a veces la gente olvida que son personas a las que le pasan cosas.

 -Ufff, obvio. Hay otra Noel, hay otra Lucha Aymar, hay otra Sole García, hay un montón de jugadoras que han pasado por cosas, cada una tenía su problema. No digo esto, que es algo bastante intenso, específico. Pero hay millones de problemas. Y sí, la gente cuando va a la cancha quiere una foto con vos, una firma… Y una intenta devolverle un poco de ese cariño, aunque a veces esté mal.

FM deportes
Ramírez
Nogopaint

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