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Fútbol

La futbolista que revolucionó un pueblo

Juega al fútbol desde que tiene uso de razón. Su vida siempre fue la pelota. Soñaba con gambetas. Se imaginaba dentro de un estadio gritando un gol. No era un sueño sencillo. En Hernández el pueblo de 3000 habitantes donde nació y se crio, no existía el fútbol femenino, pero nada ni nadie iba a detener a Virginia Coronel. Fueron tan grandes sus ganas, que al firmar su contrato como jugadora de Rosario Central, se transformó en el primer deportista en la historia de la ciudad. Por eso es que en el pueblo, la recibieron con una caravana de autos luego de jugar su primer partido en Central. Las lágrimas de emoción se veían en los rostros de todos quienes estuvieron acompañándola.

“Aprendí a caminar y lo hice detrás de una pelota de fútbol. Desde que tengo conciencia juego al fútbol. Fue lo primero que me enseñaron a hacer mis hermanos: lo practicaba en el barrio con los amigos, lo hacía en el colegio y lo hice también en el club. A los 8 años me sumé a la escuelita Municipal de fútbol. Era la única mujer de la categoría 92, entre todos los varones, pero no me importaba. Me encantaba jugar y lo hice con el equipo en la Liga de Fútbol de Nogoyá hasta los 14 años que era la edad hasta la que permitían jugar a una mujer”.

Hernández es un municipio del distrito de Algarrobitos en el departamento Nogoyá Ubicada 85 km hacia el sudeste de la capital provincia, Paraná y a 15 km al noroeste de la ciudad de Nogoyá. En la casa de los Coronel no había mucho fútbol, hasta que llegó Virginia y todo cambió. Marcelo y Edgardo sus hermanos varones le enseñaron a patear, pero nunca jugaron en ningún equipo. Tampoco su hermana Andrea. Virginia quien tiene 29 años y es la más chica de la familia, perdió a su papá Antonio, cuando ella tenía tan solo un año. A partir de ese momento su mamá Pascuala Ghiglione, más conocida como la Gucha, se convirtió en su guía y quien la acompañó siempre a todos lados.

“Cuando cumplí los 14 años se empezaron a complicar las cosas con el fútbol. Hasta esa edad me permitían jugar en la Liga con varones, pero a partir de ahí no tenía forma de integrar ningún equipo. Así que no me quedó otra opción y tuve que iniciar el futbol femenino en el pueblo. Al principio no fue fácil Fui buscando chicas para poder seguir jugando, jugábamos partidos de futbol siete, futbol nueve o algún campeonato libre. Yo lo único que quería era jugar. Eso era lo que a mí me gustaba”

Vaya si le gustaba jugar a Virginia, que siempre era de las primeras en llegar a los entrenamientos donde su entrenador Martín Paijes la fue formando como delantera y transmitiéndole los secretos del puesto. Era la goleadora y la que marcaba diferencia en el equipo integrado mayoritariamente por sus compañeros de colegio. Quienes siempre la respetaban y cuidaban. Y no solo se destacaba en fútbol. En el vóley donde jugaba de receptora punta también marcaba diferencias.

Pero a Virginia nunca la llamaron por su nombre: para todos es, fue y será la Pepe. En la casa había un loro al que le habían puesto ese nombre y según la familia hablaba más Virginia que el loro y de ahí nació su apodo.

A pesar de que iban pasando los años, Virginia seguía insistiendo con ser jugadora de fútbol: al mismo tiempo que continuaba sus estudios en el colegio, jugaba en Unión de Crespo, donde viajaba una o dos veces por semana para entrenar. Después paso por Colón y varios equipos de la Liga Santafesina, al mismo tiempo que estudiaba y se recibía de analista de sistemas. Aprovechaba los interminables viajes en colectivos para estudiar y poder llevar el título a casa. Incansable, nadie podía sacarle de su cabeza su gran objetivo: ser futbolista profesional.

Hasta que hace un mes llegó la posibilidad de realizar una prueba en Rosario Central: “El primer día no me salía nada. Tenía unos nervios terrible, además que soy perfeccionista y siempre me cuesta reconocer que juego bien, ese día no me sentía suelta. En el segundo entrenamiento la DT me dijo que me querían en el plantel y ahí me solté un poco. Pero al día siguiente fuimos a entrenar al Gigante de Arroyito y miraba para todos lados, no podía creer estar entrenando en semejante lugar. La única vez que había estado en un estadio era en el de Patronato y ahora estaba yo pisando el césped de un lugar con tanta historia. Encima siempre jugué de mediocampista central y enseguida la entrenadora me puso de defensora, para que empiece a armar el juego desde el fondo. De golpe mi vida cambió. En un mes me cambió todo. No solo la posición en la cancha: firmar un contrato, debutar en la primera división. Me parece increíble. Cuando entré al vestuario y vi mi camiseta con mi apellido no podía creerlo. Era como un sueño. No tuve ni tiempo de avisarle a mi familia que iba a debutar y jugar como titular. Esa noche cuando me recibieron en el pueblo con esa caravana hermosa, es como que terminé de caer, todo lo que estaba viviendo. Les pedía por favor a mi familia que no lloren, porque no quería llorar yo, pero ellos son conscientes de todo el esfuerzo que hemos realizado para llegar hasta acá. Por eso estamos disfrutando tanto todo esto. Yo hace un mes ni siquiera imaginaba todo esto. Hoy estoy viviendo en Rosario, tenemos nutricionista, psicóloga, el club me paga mi departamento. Hemos jugado dos partidos y los dos los hice como titular. Todavía no puede creerlo. Tengo miedo de que alguien me despierte y me diga que todo esto es un sueño”.

Que nadie se atreva a despertarla del sueño a Virginia Coronel, quien revolucionó a Hernández y ya empieza a soñar con nuevas conquistas. Para la Pepe, nada es imposible.

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